Un oasis en el desierto sevillano

Quien ha estado en el de Sahara, con o sin el termómetro poniéndole acento, o en el de Gobi, que de ahí debe de venir lo de agobiado, o en el impresionante universo de granito y arenisca del Wadi Rum jordano, se imagina lo que debe ser caminar por el desierto sin nada que beber en la cantimplora. Bueno, quien no ha estado en uno de esos desiertos o en otros ni quienes hayan paseado por Sevilla en agosto cuando aprieta la calor o el aire huye por las noches y cuesta la misma vida respirar.

Por eso, hay que agradecer que en el desierto callejero del estío, cuando todo el mundo se traslada a las costas o a las sierras y el comer y beber bien en Sevilla se convierte en una empresa aún más complicada de lo ya habitual, un oasis gastronómico como el del Restaurante Becerrita esté abierto a su clientela mañana y noche. No será un espejismo, una alucinación del hambriento y del sediento, un sueño del desesperado, sino una certeza: en Recaredo con Guadalupe hay, cuando más aprieta el sol o la luna espesa el aire, un lugar espléndido en el que cobijarse.